En una novela de Arthur Conan Doyle escrita en 1893, Sherlock Holmes le decía a Watson que se emocionaba al ver los edificios de las escuelas porque eran faros del futuro. Ese gran optimismo educativo también se vivió en el primer Centenario argentino, cuando se creía que la nación iba a construirse a través de esa tarea cotidiana y ardua de montar instituciones y aprender disciplinas y lenguajes. Formar ciudadanos letrados era un pilar básico de esa sociedad.
Puede la educación volver a pensarse como la constructora de futuro de una sociedad en este Bicentenario? Quizás uno de los primeros desafíos es producir una imagen de la escuela que movilice proyectos y pasiones similares. No hay duda que, mayoritariamente, sigue habiendo una gran apuesta social por la escuela. Las tasas de escolarización crecen sostenidamente salvo en el final de la escuela media, donde hay serios problemas de retención de los alumnos-. Pero aunque persiste la confianza de que la escuela abre un futuro mejor, éste parece acotado a encontrar un lugar en el mercado de trabajo.
La caída de ese optimismo educativo tiene muchas explicaciones. La alfabetización de los ciudadanos no produjo necesariamente una sociedad mejor. La consolidación de las instituciones no es un punto fuerte de la sociedad argentina, y el valor de la disciplina de trabajo y de pensamiento empalidece ante el predominio del éxito y la fama repentinos en la televisión o en la especulación financiera. Más aún: sabemos que la experiencia educativa hoy está muy fragmentada socialmente, y que hay circuitos de calidad muy desiguales.
Creo que la educación puede volver a generar entusiasmo social y ayudar seriamente a construir otros futuros en la medida en que seamos capaces de elaborar proyectos más inclusivos y más justos, y eso tiene que ver con la capacidad política colectiva. Pero también creo que la escuela tiene que recolocarse como un espacio relevante para aprender la cultura, en el marco de relaciones de saber y sociales que se transformaron profundamente, como se ve con las nuevas tecnologías. Hoy aprendemos de otras maneras, nos importan otras cosas, queremos que nos escuchen, y hay que repensar la institución escolar en estas nuevas coordenadas. Aquí la tarea está más del lado de la escuela, aunque también necesita un gran apoyo social.
Inés Dussel, Directora Sangari Argentina. Investigadora de FLACSO
Clarín, 14/02/2010
10 de Setembro de 2010 |
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