Clarín, 28 de febrero de 2010
Enseñanza de las ciencias.
Entrevista con Milena Winograd, Bióloga y Científica de Sangari Argentina.
"Formar una cabeza científica es formar un ciudadano que piensa críticamente"
-Según Winograd, la enseñanza en el aula tiene que parecerse más a la lógica de la ciencia de verdad.
Leila Mesyngier. Especial para Clarín.
Pensar científicamente es lo contrario al principio de autoridad. Los conceptos surgen de un proceso de pensamiento y de evidencia, con lo cual formar una cabeza científica implica formar un ciudadano que pueda pensar críticamente, que no se crea verdades, que prolonga hipótesis alternativas. "Es fundamental que la cabeza de los chicos pueda funcionar así, aunque no sean científicos". Así reflexiono Milena Winograd, bióloga, doctora en Neurociencias y científica de Sangari Argentina, una organización de origen brasilero que impulsa el programa Ciencias, Tecnología y Creatividad (CTC). En 2009 se implemento un plan piloto en escuelas con alto índice de vulnerabilidad de Tucumán y Provincia, en el marco de un proyecto del Ministerio de Educación de Nación, de la mejora de la enseñanza de las ciencias y la matemática.
-En qué consistió este proyecto?
- Trabajamos en 4° grado con tres unidades: una biológica sobre el cuerpo humano, otra física de electricidad, y la última asociada a la química de materiales y transformaciones. Todas las actividades tienen algo en común: se parte de una pregunta, se investiga, se estimulan las estrategias de pensamiento científico, se llega a una conclusión y después se complementa ese concepto al que se llego con el libro de texto. Es a la inversa de una clase de ciencias donde la maestra da una terminología especifica y la idea, y al final se intentan comprobarla. Pensamos que la enseñanza de la ciencia en el aula se tiene que parecer más a la lógica de la ciencia de verdad. Los chicos descubren por ellos mismos, construyen el conocimiento haciendo experimentos y contrastando distintas hipótesis. Cambiar el orden hace que entiendan que el saber no es una verdad absoluta que cae de la boca de su maestro sino que es algo que se construye.
-Y cómo es el trabajo en clases?
- En la unidad e cuerpo humano, por ejemplo, se parte de la idea de que estamos formados por unidades pequeñas llamadas células. Y, a partir de ahí, se comprende que cada parte de nuestro cuerpo necesita nutrientes y oxigeno para vivir, que tiene que entrar y distribuirse hasta el dedo gordo del pie. Así comprenden los sistemas circulatorios, respiratorios y digestivos. Además, hay clases donde se preguntan si la frecuencia cardiaca es igual durante todo el día y para comprobarlo diseñan un experimento en el que saltan, se miden la pulsaciones antes y después, y todo el diseño experimental lo hacen ellos. En la clase de sistema respiratorio hacen un modelo de pulmón. Y la idea es que sea un modelo al cual se le puedan hacer preguntas.
-Cómo repercutió el proyecto?
-Es increíble cómo trabajan los chicos, se alucinan prendiendo la lamparita y preguntándose por qué, descubriendo. Incluso, en algunos casos, los chicos mas repetidores o con más problemas de conducta son los que más de enganchan, porque al hacer foco en pensar científicamente, en poder decidir que experimentos hacer para responder una pregunta e intentar comprobar la hipótesis, se apunta a que construyan un concepto y no solo que la maestra se los dicte.
"La enseñanza de la ciencia se tiene que parecer más a la lógica de la ciencia de verdad. Los chicos descubren por ellos mismos, construyen el conocimiento haciendo experimentos".
"Vimos que los chicos repetidores o con problemas de conducta se enganchan más: hacen foco en pensar científicamente, en decidir que experimento hacer para responder una pregunta".
Un laboratorio de ideas.
Un armario naranja con cajones es el protagonista de la propuesta del programa de Ciencias, Tecnología y Creatividad (CTC).
Cada comienzo de año se envía un ejemplar a cada grado, junto con los libros y una caja llena de materiales para realizar experimentos.
Así, en la unidad de electricidad, por ejemplo, los alumnos con la guía del docente prueban frotar diferentes materiales para ver si se atraen o no y concluyen que hay dos tipos de cargas.
"Llegan experimentando, no porque el maestro se los dice", advierte Milena Winograd.
En otra clase exploran cómo hacer para que se enciendan una lamparita y también arman circuitos eléctricos donde descubren que materiales condensen la electricidad y cuáles no.
"Se trabaja mucho en grupos de cuatro o cinco chicos", explica Winograd. El año pasado realizo junto con el biólogo Diego Golombek, una serie de cuatro videos cortos llamados "Manos a la obra" que se pueden ver y consultar en www.sangari.com/ar
Allí investigan, entre otras cosas las reacciones químicas que se producen al mezclar dos líquidos o polvos junto a un grupo de chicos.
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